Luján de Cuyo

Historia de Luján de Cuyo y su creación

A principios de 1770, siendo esta zona aledaña al río, y paso de carretas que se dirigían al Sur, especialmente hacia San Carlos y San Rafael, y también hacia Buenos Aires, se cuenta que en esa época el dueño de una de esas carretas al llegar a destino se enfermó gravemente y pensó regresar a Mendoza para morir allí.

El Carretero habiendo oído hablar en Buenos Aires de las gracias concedidas por Dios, por mediación de la Virgen de Luján, hizo la promesa de que si se curaba de su enfermedad, traería una imagen de la Virgen de Luján a su tierra natal para que sea venerada por todos los paisanos.

El viajante no murió y atribuyó su completo restablecimiento a la intercesión de la Virgen de Luján a la que, con la fe del campesino, le había pedido que le devolviera la salud.

Ya curado de su enfermedad, este paisano viajó al santuario de Luján en Buenos Aires para agradecer la gracia recibida, adquirió allí mismo una imagen de la Virgen de Luján que con mucho amor, trajo a su regreso a Mendoza. Como poseía una propiedad a pocas leguas de la ciudad de Mendoza, hizo construir un pequeño oratorio donde entronizó la imagen de la Virgen que trajo de Buenos Aires.

La historia su sanación empezó a correrse, hoy seguramente le diríamos viralizó, y muy pronto los vecinos de la zona comenzaron a acudir al oratorio para pedir la mediación de la Madre de Luján. Así la devoción se fue extendiendo hacia otras regiones de la provincia y comenzaron a acudir peregrinos de diversos puntos provinciales, pidiendo ayuda para la solución de sus problemas más diversos, y depositando en manos de la Virgen su fe y esperanza.

En torno a este oratorio se fueron levantando poco a poco algunos ranchos para albergar a los devotos que permanecían días enteros entregados a la oración. Esto dio lugar a que se formara una población, que debido a su origen y devoción, denominaron por voluntad popular “Villa de Luján”.

Con el tiempo la Villa de Luján fue tomando mayor importancia, no sólo por las peregrinaciones, sino también por ser el paso obligado de arrieros y carretas, y lugar de descanso para los viajeros desde y hasta los fuertes de San Carlos, San Juan Nepomuceno y San Rafael, además de los que pasaban a Chile tomando el camino por los pasos del Portillo y del Planchón.

La primera capilla de la Virgen de Luján en Mendoza.

Como el primitivo Oratorio resultó chico para albergar a tantos fieles, a comienzos del 1800 se levantó una nueva capilla, que fue la primera erigida en honor de la Virgen de Luján en la provincia de Mendoza.

Su construcción se realizó originariamente sobre el costado oeste de la actual Plaza Departamental, más o menos en el sitio en donde se encuentra hoy el edificio de la Municipalidad.

Más tarde se construyó el templo actual en la calle Santa María de Oro 298, de estilo románico, que en 1857 fue erigido en la sede parroquial, hoy convertida ya en Basílica de Luján.

Creación de la Villa de Luján.

En 1855, durante el gobierno de Pedro Pascual Segura, se ordenó la creación de las Villas de San Vicente y de Luján con un decreto de fecha 11 de mayo de 1855, que decía:

“El Gobierno de la Provincia considerando: que el aumento de población en los departamentos de San Vicente y Luján, su adelanto y el gran desarrollo de su agricultura, la necesidad que se nota hace tiempo de dividir su curato en dos; que en San Vicente hay una plaza pública y una capilla, lo que le da el carácter de villa; que en Luján también hay una capilla, y que por su extensión y el número de sus habitantes, puede formar también una villa; que esta división sería muy conveniente para la mejor administración de los intereses judiciales y mayor vigilancia de parte de la policía, acuerda y decreta: Créanse dos villas en San Vicente y en Luján denominadas, una “Villa de San Vicente” hoy Godoy Cruz, y la otra “Villa de Luján”, nuestro querido Luján de Cuyo.

La Villa de Luján es hoy cabecera del departamento de Luján de Cuyo, llamado también “la tierra del Malbec”, con una población de 120.000 habitantes. El Departamento tiene una extensión de 4.847 kilómetros cuadrados y abarca una extensa y desértica zona cordillerana donde se ubica el importante Parque Provincial Volcán Tupungato.

Luján de Cuyo hoy.

Actualmente Luján se ha convertido en la puerta de ingreso y salida al país y a la provincia, y hoy se levanta orgulloso atravesado por la Ruta 7, Ruta 40 y próximamente la variante Palmira, haciendo de Luján un paso obligado entre el pacífico y el atlántico.

Ostenta gran cantidad de sitios históricos, la calidad y el prestigio de sus vinos, especialmente de su cepa emblemática, el Malbec, que lo han llevado a recibir prestigiosos premios internacionales. La gran cantidad de bodegas; locales gastronómicos de primer nivel, que lo han convertido en una zona turística por excelencia a lo largo y ancho de su geografía.

Luján de Cuyo cuenta también hoy con el mayor Polo industrial en desarrollo de la provincia, que atrae y seduce a grandes inversores, no solo locales sino internacionales.

Por todo esto, sumado a la calidad humana de su gente, formada en la cultura del esfuerzo y el trabajo, nuestro departamento cuenta con una gran cantidad de recursos para seguir creciendo en todo su potencial.

Miguel Ángel Sugo el uruguayo que embelleció la plaza de Luján

El Monumento al General José de San Martín es parte de nuestra rica historia departamental, cientos de personas pasan frente a la obra día tras día para realizar sus trámites en el Banco Nación, el edificio municipal de calle XX de septiembre o a la Basílica de Luján, quizá de niños muchos de nosotros corrimos a su alrededor o tal vez hubo algún lujanino enamorado que dio su primer beso bajo su sombra. Pese a todo esto, poco sabemos de su origen ya que se perdió mucho del registro histórico del departamento en un incendio que sufrió el edificio municipal.

En base a una investigación periodística realizada por Noticias Lujaninas hallamos datos sobre la vida del autor de esta magnífica obra de arte que embellece nuestra plaza departamental que perdurará en el tiempo y se ha convertido en parte del patrimonio de los lujaninos.

Fue así y que por medio de una investigación dimos con Miguel Ángel Sugo, de origen uruguayo y que fue un escultor que dejó importantes obras en Mendoza y San Juan.

Con el sello «M.A.S.» que hoy podemos ver en la escultura del Gral. San Martín de la plaza de Luján, este artista dejó su impronta en varias obras, como los frisos de la iglesia de Desamparados, el monumento al padre salesiano Antonio Garbini, la estatua de Federico Cantoni, el medallón tallado ubicado al lado de la frase “Las ideas no se matan” en Zonda, los monumentos a San Martín en Luján de Cuyo y al Indio en Angualasto; los sapos de bronce de la Plaza 25 de Mayo, los bustos de Paula Albarracín de Sarmiento en el Colegio Nacional y los relieves del ex hotel Sussex (actual Legislatura), donde volcó más de 500 años de la historia sanjuanina.

Durante su estadía en la provincia de Mendoza estuvo a cargo de la escultura al Gral. San Martín de nuestra plaza departamental en el centro de Luján de Cuyo. Años antes había trabajado como ayudante en la Universidad Nacional de Cuyo. Nació en Uruguay, pero su vida la forjó en Argentina. Varias de sus obras quedaron diseminadas en Buenos Aires, Mendoza y San Juan como vestigio de su paso por dichas provincias. Sin embargo, esta última ciudad fue la que lo arraigó con más fuerza. Miguel Ángel Sugo nació el 14 de marzo de 1913 en Santo Domingo de Soriano, Uruguay. Su madre fue Dorotea Galeano y su padre Gervasio Sugo, dos trabajadores agrarios que tuvieron 13 hijos. La familia se caracterizó por vivir como un clan, todos unidos y con una misma labor: el trabajo de la tierra. Por la dedicación a pleno en esta actividad, ninguno se dedicó al estudio, lo que no implicó que existiera un interés por el mismo más allá de las posibilidades.

Ese fue el caso de Miguel Ángel, un hombre que cuando niño se caracterizó por ser muy inquieto y siempre se esforzó por aprender a leer y a escribir. En sus tiempos libres, su gran diversión fue jugar con arcilla y papel mojado, modelando figuras, lo que significó un primer acercamiento al arte.

Autodidacta nato, hasta los 24 años residió en su pueblo natal donde ayudó a sus padres a trabajar, pero luego decidió emprender el camino de la formación en escultura. En 1937 se fue a Montevideo para residir y allí ingresó a una academia donde le enseñaron con métodos de la antigua escuela de arte que implicaba la disección de cadáveres para conocer bien la morfología de los cuerpos. Aprendió las técnicas de fundición, a modelar en arcilla, a hacer moldes y vaciados y trabajar la piedra tallada.

De manera paralela, y para subsistir trabajó en una fábrica de materiales de construcción en donde se hacía todo tipo de labores en la tierra.

En 1942 recibió su primera propuesta laboral fuerte vinculada al arte. Se trató de la posibilidad de hacer unos frisos con molduras para la Casa Central del Banco de la Nación en Buenos Aires. Una vez finalizada esa obra regresó a su país y se dedicó a realizar trabajos ornamentales en un pequeño taller que montó en la capital uruguaya. Pero las ventas no fueron muy bien y en el carnaval del ‘45 se dio cuenta que sus recursos económicos eran escasos, con lo cual decidió volver a la Argentina, pero esta vez para asentarse en Mendoza.

Allí recibió la propuesta de mejorar las obras en el cementerio de Maipú y más tarde de ser ayudante de cátedra del escultor y profesor mendocino Lorenzo Fernández, en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo.

Al puesto de ayudante llegó casi de casualidad. Pocos días después de arribar a Mendoza, y en su afán por conocer esa provincia, salió a recorrer las calles de la ciudad. En su camino se encontró con la Escuela de Bellas Artes a la que se acercó muy tímidamente para mirar por una de sus ventanas las esculturas que allí se trabajaban. Mientras observaba las obras se acercó un profesor que le preguntó si deseaba algo de ese lugar. Le contestó que le gustaba el arte y por eso miraba a través de su ventana. Aquel hombre le abrió la puerta para que entrara y comenzó con él un largo diálogo.

Por aquel entonces Miguel Ángel manejaba muy bien el ornato en piedra, una técnica no muy conocida en la provincia cuyana lo que despertó el interés del mendocino. Tal fue así que después de dos horas de aquella charla fue nombrado ayudante de cátedra de ese profesor cuyo nombre era Lorenzo Fernández.

Con el tiempo la vida dio muchas vueltas y si bien la relación entre Miguel Ángel y Lorenzo era muy buena, hubo un concurso que produjo un importante quiebre entre los dos. En noviembre de 1948, bajo el gobierno de Ruperto Godoy, se realizó un llamado para la construcción de un monumento en homenaje a Juan Jufré en la plaza de Concepción de San Juan.

Al llamado se presentaron Sugo y Fernández, entre otros artistas, del cual ganó el uruguayo. La buena noticia vino acompañada de una mala: consiguió el puesto en San Juan, pero se quedó sin trabajo en la Universidad Nacional de Cuyo. A partir de esto, en 1949 se asentó en San Juan para construir el monumento en la plaza que lleva el nombre del fundador. Allí montó una pequeña carpa de campaña en donde vivió durante largo tiempo e hizo “malabarismo” para terminar la obra ya que solo fue pagada en un 30%.

Miguel Ángel Sugo finalmente falleció a los 90 años, en el 2003 y por su trayectoria como escultor y retratista es recordado por su vocación a la cultura.

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